Ciencia Ciencias biológicas y ambientales

Alertan mortalidad inusual en ballenas grises

“Una ballena es un país: no pesa porque no tiene anatomía, tiene geografía.”

-Isabel Zapata; Una ballena es un país

En un estudio (1) publicado a inicios de año en la revista científica Marine Ecology Progress Series se reportó que, en la Laguna San Ignacio, en Baja California, las ballenas jóvenes y adultas llegaban tras su viaje de 18 mil kilómetros en mala condición nutricional, lo cual podría explicar la alta proporción de ballenas muertas varadas en 2019-2020.

Además de reportar 384 animales muertos para ese periodo, señalan que las hembras lactantes no se encontraban tan flacas, pero que su estado corporal en 2018 pudo prolongar su recuperación después del destete y causar el bajo número de parejas madre-cría detectadas.

Crédito: Fabian Rodríguez-González. 

Esta especie fue intensamente cazada hasta principios del siglo XX; desde 1994 se encuentra enlistada en la NOM-059-SEMARNAT-2010 como Sujeta a Protección Especial (2), en ese momento los acuerdos internacionales fueron elementales para acabar con la cacería de la ballena gris.

El biólogo Jorge Urbán, responsable del Programa de Investigación de Mamíferos Marinos (PRIMMA-UABCS), comentó que las ballenas grises son llamadas centinelas del ecosistema marino, “en este caso podríamos ver que las ballenas grises nos están indicando problemas en el ecosistema marino del Ártico, de los lugares donde se alimentan, ahí se enfocan los estudios para ver qué ocurre en relación a los cambios oceanográficos de diferentes escalas”.

Las hembras pueden medir hasta 15 metros y pesar 33 toneladas.

Vigías aéreos y navegantes 

Las ballenas grises no se alimentan durante su migración y época de reproducción. Con esto en mente y sobre todo con la intención de conservarlas, desde hace más de una década se inició el Programa del Ecosistema Científico de Laguna San Ignacio (LSIESP), un proyecto del que es parte el biólogo Jorge Urbán y que es apoyado por la Ocean Foundation, la Universidad Autónoma de Baja California Sur y colaboradores internacionales, que, entre otras actividades, revisa la condición de las ballenas.

En este estudio en particular usaron la fotogrametría, que consta de interpretar y medir fotografías para obtener características métricas y geométricas de lo captado por la cámara; en este caso, las imágenes de ballenas se tomaron desde drones y lanchas.

Tres ballenas grises adultas fotografiadas entre 2017-2019 en Laguna San Ignacio en México. Crédito de fotos: Fredrik Christiansen (izquierda), Fabián Rodríguez-González (centro) y Hunter Warick (derecha)

La magnitud de la longitud corporal, ancho y altura sirvieron para estimar el volumen corporal de las ballenas, y destacó que, desde 2018, la delgadez de las ballenas juveniles y adultas fue evidente, así como el decremento de madres con crías. 

Mar caliente y falta de alimento

La ballena pasa el verano en las costas de Chukchi, Bering y el mar de Okhotsk, en otoño comienza su migración hacia el sur y tanto en invierno como a principios primavera habita las lagunas de reproducción de la costa occidental de la Península de Baja California.

Su migración se debe a que su alimento se encuentra en zonas que en invierno son muy frías, algo para lo que sus crías no están listas al nacer, las lagunas mexicanas les ofrecen ausencia de depredadores, pero durante su estancia en sus zonas de reproducción no comen, por eso las ballenas grises desarrollan reservas de energía en forma de grasa.

La temperatura del agua es importante para guiar su vida. Anteriormente se ha señalado que fenómenos como El Niño y La Niña les llevan a lugares que normalmente no habitan.

Se sabe que estos patrones climáticos en el océano se distinguen por oscilaciones de temperatura de entre tres y siete años con dos etapas: El Niño (fase cálida) y La Niña (fase fría), estos fenómenos afectan la cantidad de alimento disponible pues se trata de ciclos que no son regulares como las estaciones, pues estos varían su intensidad y duración.

El biólogo señaló que al observar ballenas flacas “lo primero que pensamos es que no se alimentaron bien y que esa es la causa de que mueran, porque no tienen energía suficiente para hacer migraciones tan largas y se debilitan”.

La falta de alimento en esta especie es todo un acontecimiento pues estos cetáceos son flexibles con la comida. De hecho, Jorge Urbán detalló que su capacidad para ajustarse a los alimentos es una de las razones por las que se recuperó tras la extensiva caza comercial. Por ahora se piensa que la condición corporal y la muerte inusual podría deberse a que los problemas climáticos dificultan que la comida alcance para la población actual de ballenas.

El problema del alimento, explicó, se vincula con cambios oceanográficos a diferentes escalas, eventos que son cada cuatro o cinco años, como El Niño y La Niña, aunado a fenómenos más largos (cada 10 o 15 años), e incluso otros que requieren cientos de años como el cambio global, proceso en el que la temperatura va aumentando gradualmente.

Los problemas climáticos son relevantes en el ecosistema del que dependen las ballenas grises pues en el océano Ártico aunque algunas zonas están siempre congeladas, en términos generales el hielo abarca más o menos área dependiendo del frío del invierno.

El biólogo indicó que “el hielo es importante para la comida de la ballena gris porque en la parte baja de este se forma una capa de algas. Cuando van muriendo las algas se genera una lluvia hacia el fondo del mar en zonas muy someras, de 20 a 30 metros de profundidad, la lluvia es como un abono que funciona para las presas de las ballenas grises, quienes se alimentan de los invertebrados que habitan en el fondo del mar”.

Los efectos del calentamiento de aguas del Ártico han sido visibles desde finales de 1980, cuando se reportó el declive de anfípodos (crustáceos) (3) en la Cuenca de Chirikov, presa principal de las ballenas en esa zona de alimentación. Su dieta se complementa con camarones y misidáceos del Mar de Bering y de la Península de Alaska.

Foco rojo de problemas en el Ártico

Esa escasez de alimento y otros cambios en la conducta animal dan relevancia a indagar los cambios ecológicos en el Ártico, algo que actualmente se analiza. Jorge Urbán indicó que falta determinar si el ecosistema responde a “fenómenos de corta duración, de mediana o de escalas grandes para entender cómo es la abundancia y distribución de comida en el tiempo”.

Destacó que, además del alto porcentaje de ballenas flacas, otro número importante está en buen estado. El que algunas ballenas coman bien en verano podría ser un indicio de que “las zonas principales de alimentación de las ballenas grises tienen problemas, pero hay otros lugares donde otras se nutren bien”. Posibilidad que requiere más investigación.

Otro pendiente en los estudios es indagar la calidad de las reservas energéticas para ver qué implicación tiene su delgadez en su salud, “puede haber ballenas flacas pero con una calidad de reserva energética buena y lo contrario. Se podría revisar la calidad de ácidos grasos”.

El también miembro del Grupo de Especialistas de Cetáceos de la Unión Internacional para la  Conservación de la Naturaleza comentó que una mala alimentación hace a las ballenas más sensibles a enfermedades y las hace susceptibles a ser depredadas por las orcas “por no tener energía para defenderse o huir”.

Sobrevivientes a la caza y otros eventos de mortalidad inusual

De 1999 a 2000 la mortalidad de ballenas fue alta, registrándose más de 651 varamientos, la condición corporal general de los animales en ese momento fue desconocida, pero se destacó que fenómenos como El Niño y La Niña menguaron la disponibilidad de alimento. Durante esos dos años la población de ballenas se redujo 25 por ciento, pasando de 21 mil animales en 1998 a 16 mil.

Previo a estos Eventos de Mortalidad Inusual (EMI, como se le conoce científicamente), la especie se encontró al borde de la extinción debido a la caza comercial: 7 mil 200 ballenas fueron asesinadas entre 1846 y 1874 en la Península de Baja California. 

En la ficha técnica (4) de Eschrichtius robustus, compilada por el biólogo Jorge Urbán, señala que en 1870 la captura bajó, pero solo porque la reducción tanto de la demanda de aceite como de la cantidad de ballenas fue evidente. Para la década de los treinta, la ballena gris fue protegida internacionalmente y con el paso de los años en México poco a poco la observación de ballenas se convirtió en un recurso turístico.

El varamiento no es espectáculo

Por ley está prohibida dañar a estos mamíferos, pero en la mencionada ficha de Eschrichtius robustus, Jorge Urbán refiere que “las actividades humanas a lo largo de su rango de distribución se incrementan, y la degradación de su hábitat, así como la perturbación causada al comportamiento normal de los organismos en las diferentes etapas de su ciclo de vida probablemente son su mayor amenaza potencial”.

El responsable de PRIMMA-UABCS (5) dijo que por su cercanía con la costa, el tráfico marino es uno de los principales problemas de la ballena gris, más para aquellas con mala condición física pues no cuentan con energía para evadir embarcaciones.

Crédito: Barbie Halaska, The Marine Mammal Center.

Además, es difícil evaluar este tipo de afectaciones “porque cuando un gran barco le pega a una ballena ni se siente, la ballena muere, se hunde y no hay evidencia”.

Las redes pesqueras son otra amenaza “la que más las afecta son las trampas de cangrejos o de langostas que se utilizan mucho en las costas de California. Es un problema que se evalúa porque ha aumentado con aquellas que no son hábiles para desenredarse o que no tienen la energía suficiente para hacerlo”.

En México, el aspecto más relevante es la observación de ballenas que representa un ingreso para residentes de Baja California, “haciéndolo bien no hay problema, el caso de laguna San Ignacio o laguna Ojo de Liebre en la Reserva de la Biosfera del Vizcaíno es un ejemplo mundial de cómo debe hacerse esa actividad. En otros casos hay que ponerle más atención, más al sur en Bahía Magdalena, que no es un área natural protegida”, señaló Jorge Urbán.

Crédito: NOAA fisheries

Las ballenas modifican sus patrones de buceo ante embarcaciones en movimiento y esto puede desplazarlas a aguas profundas, ese viaje las lleva a gastar energía elemental para aguantar la migración o la crianza de ballenatos; por otra parte, en zonas de reproducción las ballenas no se desorientan ante embarcaciones que se mueven lento o están quietas.

Teniendo esto en cuenta es que la observación de ballenas en lagunas de reproducción mexicanas tiene lineamientos entorno a la conservación del hábitat y el número máximo de embarcaciones así como un código de comportamiento.

Hay una canción (6) de Nacho Vegas que ficciona el varamiento de una ballena como un espectáculo, esa muerte en este cetáceo no es inusual y como señala el estudio del programa LSIESP este asunto va en aumento, pero nuestra actitud ante la muerte de este animal que el cantautor describe como “la inmensa agonía que envía la mar”, debería ser otra. Reconocer la escalada de muertes como una consecuencia de nuestra relación virulenta con la naturaleza no es algo que pueda esperar.

Fuentes:

  1. https://www.sanignaciograywhales.org/wp-content/uploads/2021/01/Christiansen-et-al.-GW-Condition-FINAL-21-Jan-2021.pdf
  2. https://www.gob.mx/profepa/articulos/ballena-gris-eschrichtius-robustus?idiom=es
  3. https://wwhandbook.iwc.int/es/species/gray-whale 
  4. http://www.conabio.gob.mx/conocimiento/ise/fichasnom/Eschrichtiusrobustus00.pdf
  5. https://www.facebook.com/PRIMMAUABCS-590279331049028/ 
  6. https://www.youtube.com/watch?v=IXXTQMCC9Mg 

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