Mujeres en la ciencia

Mujeres en la ciencia: Hipatia de Alejandría

Los registros en torno a la vida de Hipatia de Alejandría son la razón de que se le considere entre las primeras mujeres dedicadas a la ciencia, pues aunque toda su obra se perdió entre guerras y descuidos, es gracias a la correspondencia con algunos de sus discípulos y su papel histórico en la aristocracia que su recuerdo sobrevive al olvido.

Hipatia nació en el siglo IV, fue conocedora de diversas áreas, dedicó su vida al estudio de la astronomía, las matemáticas y la música, sus mayores aportes fueron a la filosofía, campo que era muy socorrido por sus discípulos, quienes solían ser hombres de clases adineradas con futuros en la administración pública.

Vivió como una mujer sabia entre sus contemporáneos y logró ser tratada como una de las grandes mentes de su época; fue tan excepcional su manera de dedicarse al conocimiento que la iglesia terminó por considerarla un peligro para la religión cristiana, idea que en las mentes más fanáticas derivó en el cruel asesinato de la filósofa.

Una crianza entre las obras de Euclídes y Ptolomeo

De la madre de Hipatia de Alejandría nada se sabe, algunos historiadores han señalado que quizá la falta de información se deba a que esta falleció al dar a luz a Hipatia, aunque no sería de extrañar que las particularidades de una mujer de su época estén en el anonimato al tratarse de una Alejandría, actual Egipto, que en ese momento formaba parte del imperio romano y era un territorio en el que las mujeres eran consideradas propiedad de los hombres.

En ese tiempo, el imperio romano empezaba a derrumbarse mientras el cristianismo impregnaba la cultura y luchaba para acabar con el paganismo que estaba fuertemente vinculado con los conocimientos de distintas ciencias, tanto así que la famosa Biblioteca de Alejandría servía tanto para compartir cultura como para rendir culto a dioses paganos.

El lugar en que nació y vivió Hipatia, al norte de Egipto, era un punto de encuentro entre comerciantes y mercenario de distintos continentes situados alrededor del Mediterráneo(1). El afluente de diferentes culturas generaba encuentros y en la mayoría de las veces desencuentros, muchos por asuntos religiosos y aunque durante el reinado de Alejandro Magno se logró cierto equilibrio en la convivencia, con su muerte fue notorio que esta tolerancia era frágil, incluso se creó el Dios Serapis, que contenía rasgos de creencias griegas y egipcias.

Hipatia tuvo una formación muy integral tipo griega y desde pequeña mostró interés por la astronomía; quizá por eso su padre, Teón de Alejandría, la tomó como discípula. Ambos trabajaron transcribiendo textos y elaborando comentarios sobre estos, entre los más destacados están el “Almagesto” de Ptolomeo y “Elementos de la geometría” de Euclídes, en este último se refieren aspectos como que: una línea recta puede ser dibujada uniendo dos puntos cualesquiera, que un segmento de línea recta se puede extender indefinidamente en una línea recta, también se apunta que en un segmento de línea recta puede dibujarse un círculo con cualquier centro y distancia; que todos los ángulos rectos son iguales entre sí y que por un punto exterior a una recta, se puede trazar una única paralela.

El fuerte de Teón de Alejandría fue la astronomía, campo en el que destacó por sus observaciones detalladas de eclipses, también se dedicó a las matemáticas y escribió poesía. Su vida y obra se asoció con el Museo (2), una institución dedicada a la investigación y la enseñanza donde su hija aprendió las artes que él practicaba.

Hipatia fue de las pocas mujeres de su época con conocimientos tan avanzados, aquellas que estudiaban tenían que ser de clases privilegiadas y en general no empleaban mucho tiempo a aprender otras ciencias porque al casarse dejaban de tener vinculación con estas.

La familia de Hipatia era de élite y pagana, pero ella nunca participó en algún ritual del paganismo o despreció las prácticas cristianas. De hecho, la filosofía neoplatónica que ella compartió con sus contemporáneos era de una rama no religiosa, aunque muchos de sus discípulos fueron cristianos y tuvieron posiciones en la administración pública para los que requerían de la inteligencia de Hipatia.

De discípula a maestra  

En la época de Hipatia de Alejandría ser filósofo implicaba aconsejar a la élite y entre las corrientes más populares en el Mediterráneo en ese momento estaba el neoplatonismo más purista de Plotino, que era una reinterpretación del pensamiento de Platón.

Hipatia se basaba en el conocimiento matemático para llegar a sus conclusiones filosóficas. A diferencia de otros compañeros de la escuela, quienes se perfilaban para cargos públicos y dejaban los conocimientos profundos de lado, ella se implicaba cada vez más con la filosofía, decidiendo abiertamente no tener hijos ni esposo para poder entregarse por completo a sus estudios. Esta decisión la llevó a defender las ideas de celibato, planteando, en concordancia con su filosofía, que el amor era algo sublime que unía a todos por igual, más allá de lo terrenal y carnal.

Sus conocimientos en filosofía fueron los más socorridos, dio clases en el Museo de Alejandría, donde compartía sus conocimientos sobre Platón y Aristóteles, también enseñaba públicamente ciencias y abría las puertas de su casa para divulgar filosofía, recibiendo estudiantes jóvenes de familias cultas y adineradas de todas partes del mundo, quedando excluidas las mujeres de clases bajas.

Hipatia fue la última maestra neoplatónica y uno de sus discípulos fue el obispo Sinesio de Cirene (3), con quien se escribía cartas y a través de cuyas palabras conocemos detalles de la vida de esta filosofía, entre ellos su interés por el cosmos.

Obra de Hipatia de Alejandría

Entre las aportaciones que se le adjudican a Hipatia están algunos comentarios —que eran una forma común de acercamiento a las obras de otros filósofos—, entre los que ella hizo destacó uno hecho a la aritmética de Diofanto, considerado padre del álgebra pues su trabajo facilitaba operaciones matemáticas. Muchos de los temas que cautivaron a Hipatia fueron sobre el orden del cosmos, centrandose en el movimiento de los planetas.

La filósofa también escribió un tratado de ocho libros sobre geometría de las cónicas de Apolonio de Perga, quien fue conocido como “el gran geómetra”; sobre este tema, Hipatia trabajó con el cono, un instrumento para entender las “cónicas”, el cual permitía seccionar dicha figura cambiando la inclinación del plano que lo corta y obteniendo distintas curvas hoy conocidas como círculo, elipse, parábola e hipérbola.

Además, hizo mejoras a instrumentos como el astrolabio, el hidrómetro y el hidroscopio, usados para medir cuerpos celestes, la densidad del agua y la presencia del agua, respectivamente. También fue pionera en la creación de un aerómetro, que se usaba para determinar la densidad de los líquidos. (4)

Un final cruel y violento

Cirio, el obispo de Alejandría, la despreciaba por su amistad con el alcalde romano Orestes y porque ella simbolizaba conocimientos que a la iglesia de ese momento le parecía de carácter pagano.

Mientras era señalada como bruja, en esas fechas el imperio romano se dividió y tachó a Hipatia de embrujar a Orestes por aconsejarle, aunque como antes señalamos, esta era una práctica común de los filósofos con los administradores. 

Entre mentiras dichas sobre su persona, en 415 fue atacada por seguidores fanáticos, asesinada cruelmente con piedras y conchas marinas. Las circunstancias que desataron la violencia que acabó con su vida acontecieron en una Alejandría conflictiva en la cual la esclavitud crecía y la iglesia cristiana se consolidaba e intentaba erradicar la cultura pagana; una equivocada lectura del papel de Hipatia entre la aristocracia y el miedo a sus conocimientos llevó a un grupo de cristianos a convertirse en asesinos de una de las primeras mujeres en la ciencia.

No existe algún texto escrito por Hipatia sobre su propia vida, pero uno de sus alumnos escribió sobre ella: “vestida con el manto de los filósofos, abriéndose paso en medio de la ciudad, explicaba públicamente los escritos de Platón, de Aristóteles o de cualquier filósofo a todos los que quisieran escuchar; los magistrados solían escucharla en primer lugar para su administración de los asuntos de la ciudad”. 

El preámbulo a su muerte fue hostil para la filosofía y para las ideas diferentes a las impartidas por la iglesia. Su muerte fue tomada como un símbolo del pensamiento libre ante la intolerancia.

Fuentes:

(1) https://www.redalyc.org/pdf/920/92046968009.pdf
(2) http://www.ehu.eus/~mtwmastm/HIPATIA.pdf
(3) https://www.youtube.com/watch?v=NsTcq0hyOS4
(4) https://www.youtube.com/watch?v=72bLcarCc9c

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