Atlas de partículas elementales

Mirar nuestro bienestar desde la neurociencia 

La cascada de propuestas para mejorarnos como humanos parece no tener fin, se alienta desde los negocios e incluso desde la mentira, brotan las pseudociencias que nos ofrecen tocar decenas de puntos en nuestra cabeza para recetar nuestros cerebros, cursos para pasar de cero a mil al emprender y todo con posibilidad de energía, vibrar alto o acceder a lo que algunos llamar “potencial del cerebro”.

En contraparte, quienes estudian neurociencias son cautas con sus hallazgos, no venden al por mayor sus hipótesis, ni las ofrecen como la única vía para la salud. Por cada nuevo descubrimientos se preguntan cómo conocer mejor lo encontrado, como distinguir qué tanto sabemos cuando algo novedoso se asoma, cómo sumar, ver diferente, contraponer los hallazgos. La emoción de cada paso en la ciencia no oscurece lo que falta por conocer y los descubrimientos no se postulan cómo respuesta final a todo, como elixir, cáliz o piedra filosofal. 

El libro de la neurocientífica Wendy Suzuki es una ventana como pocas, el panorama a través de ella es sobre ser mejores, así directamente, pero algo más pasa que no sucede en los libros de la mesa principal de las librerías de Sanborns, la lectura no es vacía, no es una promesa de mejora, no es una actualización new age. Su experiencia como estudiante, investigadora y profesora en neurociencias sirve de pretexto para hablar sobre los estudios de la memoria, la vinculación entre el movimiento corporal y la estructura del cerebro, o lo que el ejercicio le hace a este órgano.

La autora también nos brinda detalles sobre su vida personal y esto le da dinamismo al libro; no es que lo necesite y algunas anécdotas pasan entre estereotipos que rondan la vida de mujeres de ciencia, pero otros como la demencia de su padre y el momento en que ella toma el ejercicio como estilo de vida nos permiten ver la creación científica como un proceso creativo, de interés personal, como un asunto que cruza los laboratorios para ir moldeando formas de pensar y eso, a su manera, demuestra que la ciencia tampoco está exenta de creencias, preferencias y formas de ver, pero que a pesar de esto, dentro de sus maneras de generar conocimiento se inclina por la evidencia y la comprobación.

En Healthy Brain, Happy Life encontramos una explicación más sencilla sobre las partes en que el ser humano a dividido al cerebro para poder estudiarlo, así como los tipos de experimentos, estudios médicos e intervenciones quirúrgicas que sirven para este fin.  Neuronas, neurotransmisores, axones y glías, así como hipocampo y amígdala encuentran su lugar en distintas narraciones. Entre las más interesantes destaca la neurogenesis, el estrés, el sistema de recompensas, la creación de recuerdos, la pérdida de estos y la plasticidad cerebral.

Cada hallazgo que nos muestra Wendy Suzuki va acompañado de las limitantes en las investigaciones; cada tema también incluye Brain Hacks, una especie de conciliación entre la evidencia científica y la vida diaria que dan como resultado ejercicios prácticos para lograr bienestar en nuestra vida, todos sin la necesidad de fe ciega, petición de energía a entes externos o rendición de culto.  

Parte importante del libro se centra en la plasticidad cerebral vinculada con el ejercicio físico. Wendy nos habla mucho sobre los retos que supone estudiar estos terrenos y de sus motivaciones personales para mantener esto como uno de los temas principales de su laboratorio; delinea las correspondencias entre ejercicio y bienestar mental, así como los pendientes para encontrar causalidades, aquello que nos permita saber qué, cómo y hasta dónde se entretejen, afectan y alimentan ambos sistemas.

Que sí, sin duda nos comparte que uno de los hallazgos más relevantes es que en experimentos se ha observado que el ejercicio es poderosamente responsable de muchos cambios positivos en el cerebro, con beneficios tales como protegernos de enfermedades como depresión, Alzheimer o demencia e incluso mejorar el humor, la memoria, la atención y la energía. Todo esto gracias a que el ejercicio es capaz de cambiar la anatomía del cerebro, psicología y función.

Dos cosas más, con menos espacio en el libro, pero de las cuales obtenemos conocimientos es que demasiado estrés crónico es tóxico para el cuerpo y el cerebro. En parte porque vivimos el estrés psicológico igual que los peligros físicos y, si se presenta de manera crónica, trastorna  la función cardiovascular, la digestión y la reproducción, aún peor, también el hipocampo, la corteza prefrontal y la amígdala. Todas áreas que vimos vinculadas a la memoria, el humor y el bienestar.

La otra es sobre las posibilidades de la meditación, la cual, en expertos que la practican, ha mostrado una diferencia importante en el cerebro principalmente en la medida de sus oscilaciones de ondas gammas, que se han relacionado con la conciencia, así como en un procesamiento más eficiente en áreas de la atención. Y de manera general, se ha encontrado que la meditación mejora el estado de ánimo en personas con ansiedad y a largo plazo aumenta el tamaño de varias áreas del cerebro.

Los temas en Healthy Brain, Happy Life no nos son ajenos, nos implican según cuanto pensemos en nuestra salud mental y en el bienestar en general. No es la bastedad de conocimientos lo que encontramos en este libro, son algunas claridades sobre quienes somos y lo que nos falta por conocer lo que nos mantiene de inicio a fin indagando el funcionamiento de nuestro cerebro y el disfrute de estar conscientes de ello.  

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