Ciencia COVID-19

Los recuerdos de la COVID-19: investigadoras reportan 55 secuelas

Para ocho de cada 10 sobrevivientes a COVID-19, el recordatorio de la enfermedad va mas allá del testimonio, pues son los síntomas a largo plazo los que no les permiten dejar de pensar en su contagio.

Es el caso de María del Socorro, de 43 años, para quien sus secuelas son recuerdos angustiosos de haberse infectado de SARS-CoV-2, la señal de que su salud no es como antes del virus y una marca de miedo constante.

María vive en El Oro, Estado de México, donde hasta el 16 de agosto la Secretaría de Salud tenía registro de 296 casos. En casa de María todos sus habitantes se contagiaron, seis en total, incluyendo un bebé que nació durante la pandemia, todos se trataron en casa, pero, de su familia, ella pasó la enfermedad de peor forma, pues el cansancio físico y emocional fue crónico.

“En algún momento hasta pensé en quedarme ahí, pues ya para qué, si ellos están sanos y yo no podía recuperarme, creo que me bajó más el nivel anímico porque fue muy doloroso verlos a todos y sentirme con falta de aire y cansancio”, compartió.

El dolor de cabeza, la fatiga, la falta de aire y el dolor corporal no se han ido, ella supone que su caso fue peor porque agudizó su depresión, aunque sabe que su estado de salud antes de contagiarse no era el que es hoy, antes tenía más energía, no se le caía el cabello y podía caminar sin dolor.

“El dolor de cabeza hasta la fecha no se quita, el dolor es constante, el dolor de espalda es terrible, aún me cuesta mucho trabajo caminar pedazos largos, no los puedo caminar porque me canso mucho, me duele la espalda y el pecho todavía”, detalló.

Muchos casos más

Como ella, muchas y muchos más. Con más de 90 millones de contagios en el planeta y grandes volúmenes de información, sintetizar se vuelve clave para conocer qué sucede alrededor del mundo, esta información sirve a pacientes y médicos al momento de tomar mejores decisiones.

La química farmacobióloga, Carol Perelman, compartió los resultados del estudio “Más de 50 efectos a largo plazo de COVID-19: una revisión sistemática y un metaanálisis (1) en el cual participó, precisamente este trabajo tomó la misión de congregar la información sobre síntomas a largo plazo reportados en esta enfermedad.

La también divulgadora de ciencia colaboró con seis investigadoras mexicanas: Sandra López, epidemióloga; Talia Wegman-Ostrosky, oncogenetista; Rosalinda Sepúlveda, psiquiatra; Paulina Rebolledo, infectóloga; Angelica Cuapio,  inmunóloga; además de la española Sonia Villapol, quien es investigadora y profesora.

Autoras de “Más de 50 efectos a largo plazo de COVID-19: una revisión sistemática y un metaanálisis”.

Para facilitar la asimilación de grandes volúmenes de información suelen efectuarse revisiones sistemáticas, que, además de sintetizar la información científica disponible, permiten identificar áreas de incertidumbre.

Esta herramienta fue aplicada por las siete investigadoras.  “Todo lo que existía de literatura sobre el COVID de largo plazo, sobre las repercusiones, habían sido reportes en cierto centros y lugares con ciertos pacientes, incluso algunos eran reportes de pacientes particulares de decir ‘yo soy investigador y esto me está sucediendo’, pero no había un estudio como lo que hicimos de una revisión sistemática, es importante porque te da una buena fotografía conjunta, fue unir los puntos para ver realmente el significado”.

¿Cuál es el panorama después de la infección?

Sobre el tema, las investigadoras detectaron más de 18 mil artículos publicados durante 2020 en EU, diferentes partes de Europa, México, China, Egipto y Australia.

Con un metanálisis más exhaustivo de 15 artículos que cumplieron criterios como haber sido publicados antes del 1 de enero de 2021, en inglés, tener revisión por pares y haber incluido más de 100 pacientes, encontraron que 80 por ciento de las personas infectadas con edades entre 17 a 87 años habían presentado alguno de los 55 síntomas reportados a nivel pulmonar, cardiovascular o neurológico.

El metanálisis incluyó en conjunto a más de 47 mil pacientes a los que se les dio seguimiento entre 15 y 110 días después de la enfermedad.

Los cinco síntomas reportados con más frecuencia son fatiga (58%), dolor de cabeza (44%), trastorno de atención (27%), caída del cabello (25%) y disnea (24%). 

Cortesía de las autoras.

¿Por qué tanta variedad de síntomas?

Carol Perelman explicó que no es raro que un virus deje secuelas y que es algo observado en otros casos, “pero lo que es increíble es la cantidad de secuelas porque encontramos más de 50 efectos, hay 55 descritos y seguramente faltan más”.

Una posible explicación a la cantidad y variedad de síntomas está en la participación del receptor ACE2 (2) , el cual permite el acceso del virus a nuestro cuerpo. Este receptor se expresa en muchos tejidos del cuerpo, en el respiratorio, gastrointestinal, cardiaco y cerebro, prácticamente en todo el cuerpo, y aunque todos expresamos ACE2, cada cuerpo y sistema lo hace en diferentes cantidades.

“Hay una posible etiología, no está comprobado, pero podría ser una explicación de porque encontramos tantos efectos en tantas partes del cuerpo, porque esto es algo multisistémico que va desde temas pulmonares, cardiacos, cerebrales, neurológicos, el olfato, el gusto y la piel”, detalló.

También acotó que muy probablemente otros rasgos están involucrados “debe haber algo relacionado con el ACE2, pero no es el único factor.”

Pendientes sobre las secuelas

Para la autora del artículo en cuestión, Carol Perelman, las investigaciones futuras deben desmenuzar la información y recopilar datos que permitan entender detalles sobre la prevalencia por edad, sexo o gravedad de la enfermedad.

“Desde el punto de vista científico hay muchísimas preguntas, creo que hay que ahondar para entender el riesgo que tiene cada individuo de desarrollar estas secuelas post-COVID”.

También señaló que, desde la perspectiva médica y de prevención, se podrá tener un mejor manejo al comprender a detalle el panorama.

Para quienes el contagio fue o es una realidad, la recomendación de Carol Perelman es darle seguimiento sin importar el grado de gravedad que tengan y enfocarse en tratamientos multisistémicos que incluyan atención neurológica, psiquiátrica, física y pulmonar.

Justamente en ese terreno trabaja la terapeuta física Brenda Ortega, quien comparte la idea de que una rehabilitación integral es importante, por lo que desde ReIn-THERAPHY (3) ofrece tratamientos.

Reconquistar la calidad de vida

La fundadora de la iniciativa de salud comunitaria y privada ReIn-THERAPY señaló que toda persona que se contagió con COVID-19 es candidata a la rehabilitación, sin importar la gravedad de la infección.

Apuntó que el proceso “post-COVID es largo aunque no se está comentando mucho, pero no solamente es el que llega a hospitalización, nosotros trabajamos en el menor costo de nuestros honorarios tratando de ayudar y difundir el tema de una manera metropolitana”.

Desde su experiencia, señala que lo mejor es un tratamiento integral, explica que el área de la rehabilitación debe ser multidisciplinaria y contar con un médico en las diferentes áreas en las cuales afecta el funcionamiento del paciente.

Los terapeutas puede incidir en una gran variedad de situaciones desde como ayudar a la deglución y recuperación del habla en personas que fueron hospitalizadas, hasta tratar problemas con el gusto y el olfato. 

También existe la terapia pulmonar en la que el terapeuta es “el encargado de la gasometría y niveles de volúmenes de oxígeno máximo que puede manejar el paciente”, así como la intervención en la que se dosifique el ejercicio “sin que afecte corazón, sistema nervioso, osteoarticular y muscular”.

Entre las terapias destaca la ocupacional, necesaria en “personas que tienen secuelas tan importantes que ven limitada su vida diaria. Hay gente que era obrero, albañil, cargaba mucho o se la pasaba caminando mucho tiempo y luego de enfermar tiene que readaptar la nueva forma en que su cuerpo quedó”.

Debido a las necesidades que impone la pandemia, el proyecto ReIn-THERAPY se reforzó a inicios de 2020 para ofrecer servicios en un contexto de cooperación y apoyo.

La rehabilitación se basa en la función, por ello depende de cada sistema y persona, de modo que una guía personalizada es tan importante como el conocimiento de la enfermedad.

Estudiar y dar tratamiento a las secuelas es relevante, sobre todo ante un panorama en el que 80 por ciento de los sobrevivientes a COVID-19 las tendrán.

Para la terapeuta física Brenda Ortega es elemental tener consciencia de la situación para poder actuar a tiempo.

Comprender qué factores se vinculan con el grado de afectación durante y después de la enfermedad por SARS-CoV-2 en cada persona es un problema que se ha abordado desde múltiples enfoques, tales como reconocer los síntomas, dar seguimiento a diferentes grupos de pacientes, así como estratificar el riesgo de las actividades cotidianas, pero en el mar de informaciones lo que sigue siendo más consistente son las medidas de prevención: el lavado constante de manos, el uso de mascarillas y el quedarnos en casa.  

Fuentes: 

  1. https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2021.01.27.21250617v2.article-metrics 
  2. https://www.cell.com/action/showPdf?pii=S0092-8674%2820%2930229-4
  3. https://rein-therapy.com.mx/?fbclid=IwAR3RZMGW9Z6-4Kp7gSon29iGV6T6lhLsQDLl4X6T5CcVKsidS7ouhwcdOSM 

1 comentario

  1. Interesante artículo de Geraldine, y muy actual, pues habemos muchos pacientes que nos hemos recuperado de COVID, pero está recuperación es parcial y considero que tenemos que aprender a vivir con secuelas que van desde muy ligeras hasta algunas más peligrosas.

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