Mujeres en la ciencia Perfiles

Mujeres en la ciencia: Rachel Carson

La voz de Rachel Carson fue una constante denuncia, no solo a modo de advertencia momentánea. Ella logró una narrativa que nos presentó la deuda humana que tenemos con la naturaleza, su mensaje catalizó acciones de protección pues desbordaba ciencia y prosa organizada.

Carson cambió tres años de estudiar literatura por adentrarse en el mundo natural, así que ingresó al Laboratorio de Biología Marina Woods Hole y recibió su maestría en zoología por la Universidad Johns Hopkins en 1932.

En un libro en particular, Primavera silenciosa, desplegó los males ambientales y las causas que la ciencia podía vislumbrar; llegó a mostrar situaciones que hoy son vigentes como los efectos de masificar en pequeños espacios las cosechas y la muerte de aves a causa de las afectaciones ambientales, así lo profundiza:

“La naturaleza ha introducido gran variedad en el paisaje, pero el hombre ha desplegado verdadera pasión por simplificarlo. De este modo deshace el edificio de divisiones y de equilibrio en el que la naturaleza contiene en sus límites a las especies”.

Primavera silenciosa, Rachel Carson

En 1963, Rachel Carson testificó en el senado estadounidense sobre los riesgos de usar pesticidas, particularmente sobre el diclorodifenil-tricloroetano (DDT). Su principal petición era que la agricultura no usara químicos sin estudiar antes su seguridad y las afectaciones que podía tener en el ambiente.

Su trasfondo al hablar siempre fue que la humanidad entendiera el mundo como un ente completo y así no orillara al peligro a las piezas que lo conforman.

En la divulgación accionó el ecologismo moderno

Rachel Carson no siguió con estudios de posgrado por problemas de dinero, pero empezó a trabajar en el ahora denominado Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, donde la contrataron para escribir guiones de radio y al tiempo hizo artículos sobre historia natural para el Baltimore Sun.

También redactó folletos sobre conservación y recursos naturales, además editó artículos científicos. El material más interesante sobre el océano que recopiló en su día a día de trabajo terminó en una trilogía de libros con los cuales logró realmente empapar a sus lectores de un mundo desconocido, estos fueron: Under the Sea-Wind, The Sea Around Us y de The Edge of the Sea.

Desde su primer libro habló de la importancia de las conexiones entre especies, narrando la vida en el mar para tres criaturas diferentes. La investigación para escribir The Sea Around Us compiló datos del océano obtenidos por los ataques con submarinos en la Segunda Guerra Mundial. Este texto fue todo un éxito en ventas y, con él, la escritora científica ganó el Premio John Burroughs, otorgado a autores distinguidos en el campo de la historia natural.

Rachel Carson and Bob Hines conducting marine biology research in Florida.
Rachel Carson and Bob Hines conducting marine biology research in Florida.
Crédito: USFWS National Digital Library. 1952.

Argumentar sobre la precaución

En un breve cuento incrustado en Primavera Silenciosa, Rachel Carson da resonancia y color a la primavera, organiza su belleza para maravillarnos, luego se arroja hacia la pesadilla: nos habla de una extraña quietud y aglutina en un ambiente mortífero los peligros de no respetar la interacción entre especies y sus ciclos naturales.

“La rapidez, la velocidad con la que se crean nuevas situaciones y cambios siguen al impetuoso y descuidado paso del hombre más que a la deliberada marcha de la naturaleza”, así lo dijo.

Lo anterior, apuntando a que el problema real en la existencia de plagas es la superproducción a la que sometemos a la tierra y los animales. Carson desarrolló un fuerte argumento de importancia en 1962 para un Estados Unidos en donde se probaban 500 nuevos productos químicos para controlar plagas cada año: “la guerra química nunca se gana y toda vida resulta captada en su violenta contradicción”, escribió.

Primavera Silenciosa es considerado como el primer libro divulgativo sobre ecología, en él nos presentó pruebas del daño que causan los pesticidas sobre las aves, la contaminación de las aguas subterráneas y muertes de seres humanos.

Además clarificó a todos que el descubrimiento de los insecticidas no fue casual, pues muchos venenos que serían usados como arma biológica contra humanos fueron probados antes en insectos, y que esos mismos químicos se encontraron en los sistemas fluviales más importantes de su país, así como en la leche materna.

Una alerta ante estos productos era su potencial para destruir enzimas que protegen al cuerpo contra daños, y bloquear procesos de oxidación con los que obtienen energía los organismos.

Crédito: Harropian Books

La situación con el DDT es que se popularizó su uso después de mostrarse efectivo para combatir piojos y se vendió como inofensivo, pero no se reparó en la presentación del producto, pues para piojos se aplicaba en polvo, y estando en esa presentación, Carson señaló: “no es absorbido rápidamente por la piel. Disuelto en aceite, como está usualmente, el DDT es declaradamente venenoso”.

Al entrar al cuerpo, este químico llega a almacenarse en hígado, riñones e intestinos, las grasas de estos órganos amplifica la cantidad del DDT hasta 100 veces más, llegando a dosis que han provocado necrosis o desintegración de células hepáticas en animales con sólo 5 micrómetro (medida que representa la millonésima parte de un metro).

Carson apuntó de manera firme que una característica “siniestra” del DDT y sus derivados es que se transfieren y acumulan en la cadena alimenticia: un heno rociado con DDT tendrá entre 7 y 8 micrones de ese pesticida, pero la mantequilla elaborada con la leche de vacas que ingirieron ese heno llega a tener 65 micrones.

Al final, la advertencia de Carson desembocó en la aprobación de la Ley de Aire Limpio de 1963, la Ley de Vida Silvestre en 1964, así como en la Ley de Política Ambiental Nacional, la Ley de Agua Limpia y la Ley de Especies en Peligro.

Su testimonio firme y la calidad de sus argumentos, en los que congregó el estudio ecológico de compañeras de su época, desembocó en que el comité asesor científico del presidente emitiera un informe sobre los usos de los pesticidas, manteniendo las advertencias de Rachel Carson.

John F. Kennedy llegó a mencionar el libro de Carson meses después de su publicación y su obra devino no solo en la prohibición del DDT sino en la creación de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

Crédito de imagen de portada: Henri Julien Félix Rousseau. 1909. “The Ecuatorial Jungle”.

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