Atlas de partículas elementales

Encuentros con multitudes, las que contenemos

Ed Yong desarma nuestras nociones de individualidad, él indica esta posibilidad de los microorganismos, pero su escritura logra el mismo efecto usando estrategias tan variadas como las de los microbios que habitan nuestras casas, nuestros gatos y a nosotros mismos.

En el libro Yo contengo Multitudes, el premiado periodista de ciencia despliega con asombro el mundo de lo microscópico. Su obra narra cómo se construye el conocimiento de la microbiota, una aventura de múltiples piezas y entramados con problemáticas propias y batallas ganadas.

Gracias a su naturaleza organizada, el autor define para su libro un esqueleto cronológico pero dinámico, que empieza por recordar a los primeros que vieron el mundo bajo las lentes de aumento. Las peripecias de Antony van Leeuwenhoek, Robert Hook y Lois Pasteur aparecen en el texto para enmarcar el descubrimiento de lo minúsculo, evento ante el cual los primeros no ocultaron su admiración y curiosidad.

Las primeras observaciones de los nuevos pequeños habitantes de la Tierra fueron seguidas por un silencio de siglo y medio, tiempo en el que no se les estudió debido a las limitaciones de los instrumentos; luego, al volver al juego de la ciencia, el rasgo más estudiado fue su vinculación con enfermedades.

Micropia Museum Amsterdam

Una vez demostrado que las bacterias eran agentes de fermentación y putrefacción, fue difícil suponerles una naturaleza diferente a lo maligno y aunque vigilar este tipo de relaciones nos trajo y trae beneficios como combatir infecciones, la teoría de los gérmenes, nos cuenta Ed Yong, dejó a los microorganismos con una mala fama que dificultó el camino a ver otro tipo de mutualismos en un momento en que la bacteriología fue, ante todo, una ciencia para repeler y destruir microbios.

Y así siguió hasta que se encontró a bacterias haciendo de compañías benéficas e incluso realizando funciones elementales para la existencia de plantas y animales. Tal contradicción, para la época, se desarrolla mientras la interacción entre seis vivos era ampliamente estudiada en términos de luchas por la supervivencia.

Estos detalles en la historia de la microbiología son tomados por Ed Yong como un campo fértil para hacer narrativa, de pronto se pierde la noción de estar leyendo sobre hongos y bacterias porque se consolidan intereses genuinos que el autor tiene en torno a la justicia y los procesos, así como las situaciones sociales que guían los flujos de información y el cambio en las narrativas, como al decir que «algunas historias cambian de la periferia al centro». En este libro no hay espacio para historias blancas o negras, debemos habitar matices. 

La historia sigue. Con la presencia de los ecólogos microbianos inicia la revolución de los gérmenes, la cual ponen en la mesa el término simbiosis en un momento en que a la naturaleza se le considera cruel y despiadada, sin embargo las amistades y sus vinculaciones son expuestas a través de investigaciones que suma el periodista británico.

Por ejemplo, fue la posibilidad de caracterizar microbiomas, esos mundos minúsculos que conforman espacios, lo que permitió identificar quienes, dónde y cómo residen los microorganismos. Microbios de intestinos, océanos, delfines y hospitales son algunos de los narrados en este libro. La recolección de casos es precisa para mostrarnos diferentes enfoques de investigación –desde la identificación de orígenes y el establecimiento de simbiosis, hasta el uso de bacterias con fines terapéutico —, lo mismo que sus hallazgos, entre los que encontramos la posibilidad de intercambio o activación de genes.

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Es emocionante el avistamiento de historias que Ed Yong identifica entre el oleaje de investigaciones mundiales, pero también encuentra un espacio para contarnos cómo las ideas alrededor de la microbiota inspiraron obras literarias como las de Aldous Huxley, detalle que se disfruta. Además, nos instruirá en cómo las nuevas formas de caracterizar ADN desde la metagenómica —con proteínas y sus funciones incluidas— cambiaron la narrativa sobre lo que nos conforma.

El libro termina por abarcar nociones más recientes de la microbiota, como que hay colonias de bacterias capaces de manipular la vida sexual de sus anfitriones, muchas veces restringiendo las posibilidades de animales y plantas ya sea bajo la máscara de un beneficio o con una guerra declarada.

Entre ejemplos, nos enteramos que los microbios pueden tener, como todo, una naturaleza polifacética, en donde algunas cepas son mutualistas, beneficiosas y aliadas indispensables, conviviendo entre relaciones complicadas. El autor declara abiertamente que señalar que los microbios tienen la posibilidad de ser mutualistas, comensales, patógenos o parásitos no puede hacerse como si se tratase de señales inapelables de identidad, sino como estados, tal como lo sería estar hambriento, despierto, cooperando o luchando en un momento y lugar determinado.

Micropia Museum Amsterdam

Así que no es un libro en el que se pase de la mala fama de los microbios a la santificación de los mismos, en realidad se trata de un punto medio en el que se nos muestra como nuestros aliados pueden defraudarnos y nuestros enemigos ponerse de nuestro lado. El escenario de la microbiología cambia, ya no podemos sentirnos solos en el mundo, pero logramos entender que las comunidades de microbios y sus mezclas tienen la posibilidad de crear vulnerabilidades o salud. “La traición siempre acecha tras el horizonte. Los compañeros pueden funcionar bien juntos, pero si uno de ellos puede obtener los mismos beneficios sin gastar tanta energía o esfuerzo, aprovechará la ocasión a menos que sea castigado o vigilado”, es como lo dirá Ed Yong.

Este libro logra maravillar a propios y extraños del mundo de la ciencia, no usa armonías exageradas para interpretar el papel de los microorganismos, pero dimensiona la inmensa cantidad de decisiones y respuestas que encierran los microbios. 

En otro esfuerzo por balancear las narrativas sobre microbiotas, Ed Yong muestra la importancia de estudios locales con intervenciones al ambiente, decisiones arquitectónicas que impactan en nuestras comunidades microbianas y los retos sociales que quedan al respecto.

También aborda la falta de estudios y sus evidencias para determinar relaciones de causa y efecto entre los procesos de las bacterias y otras formas de vida. Afortunadamente, para quienes gustan de leer el desarrollo científico, esta brecha se muestra en perspectiva con todo lo que se ha logrado entender del microbioma. El momento en que tenemos nuestro baño inicial de microbios, las ganancias de consumir probióticos o de entender la disbiosis (el desequilibrio de los microbiomas).

Por sus argumentos y la forma en que estos se presentan, Yo contengo multitudes lo tiene todo, es el libro de divulgación que terminas recomendando a la primer provocación de lectura. Incluye un narrador que sabe mediar entre la pasión y la crítica, convocando un espacio reflexivo y curioso que no puede ser ajeno a las lectoras.

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